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Pokémon Go

Sin venir a cuento

Pokémon Go

Ilustración de Pawel Kuczynski

Texto de Augusto Zamora R. en Rebelión

Es el último grito en videojuegos. También es una nueva manifestación de la estupidez humana. Miles ¿millones?… de sonsos cazando imaginarios Pokémons en parajes reales.Es la sociedad ideal para quienes la quieren llena de descerebrados. Sociedades saturadas de idiotas que dedican su tiempo y ocupan sus neuronas en cazar ficciones, olvidados del mundo, que así gobernarían a sus anchas sátrapas sin escrúpulos.

¿Para qué preocuparse del desempleo, las desigualdades, la violencia social si lo más importante del mundo es caminar como zombis cazando muñecos virtuales?

En sociedades privadas de valores, vaciadas de contenido, juegos como el Pokémon Go llenan los espacios ociosos, desolados, del cerebro y el espíritu de millones de seres.

Incitados a olvidar la realidad, privados de metas e ideales, los videojuegos se erigen en depositarios de la dejadez humana, en trampas donde dilapidar el tiempo finito de vida.

Nunca como hoy ha tenido el ser humano mayores posibilidades de acceso a educación, ciencia, cultura. Nunca como hoy ha gozado de una democratización tan grande del conocimiento.

No obstante, incluso los pueblos que se dicen cultos, se ven arrastrados, sin mayores críticas, a una exaltación de la banalidad, a lanzarse a sumideros infinitos de ignorancia.

Cierran librerías, quiebran editoriales, pero el negocio de los videojuegos sigue en alza.

Lo dijo Einstein hace poco más de medio siglo. Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estaba seguro. Oremus. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


 

.He procurado a lo largo de mi vida que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago y lo que debo.

Antonio Aramayona

Coincidimos en la lucha por los derechos y me pareció su vida y su reivindicación un verdadero ejemplo. El perroflauta motorizado fiel impulsor de la Utopía. Hoy copio emocionado el último post de  Antonio Aramayona y recomiendo especialmente escuchar su voz leyéndote el artículo.

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Abrazo y gracias, profesor.

 

 

Cuando estés leyendo estas líneas, ya habré muerto. He decidido finalizar mi vida, ejercer mi derecho inalienable a disponer libre y responsablemente de mi propia vida.

Te preguntarás por qué, a qué viene esta decisión tan inusitada. De hecho, no soy un enfermo terminal, no me han detectado una enfermedad grave e incurable. Tampoco estoy deprimido. Simplemente, ha llegado mi momento de morir. Es el momento justo de morir. Ni demasiado pronto. Ni demasiado tarde. Es el momento justo de quedar abrazado a mi muerte libre, a esa muerte –como dice Nietzsche- que viene a mí porque yo quiero.

He procurado a lo largo de mi vida que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago y lo que debo. Por eso he intentado también que mi vida haya sido digna, libre, valiosa y hermosa. Y así he querido también mi último hálito de vida: digno, libre, hermoso y valioso. Así he querido vivir y así he querido morir.

He querido vivir en plenitud cada uno de los momentos de mi existir, he amado y sigo amando la vida con pasión y todas mis fuerzas. He conversado amistosa y plácidamente con su posible acabamiento, sin prisa, con mucha serenidad y reflexión. De hecho, la muerte no es sino el último latido de la vida, y si la vida ha sido valiosa y buena ha de desembocar igualmente en una muerte digna, apacible y buena.

Todo ser humano ha de vivir bien, dejar vivir, hacer que los demás vivan del mejor modo posible. Solo cuando se acaban los caminos desde los que se atisban horizontes, o cuando se otea un deterioro imparable o cuando se decide libre y responsablemente, es posible plantearse con fiereza y también con una sonrisa el propio acabamiento. Sí, el ser humano debe vivir bien y por esa misma razón también morir bien.

Nada ni nadie puede forzar a enquistarnos en situaciones penosas o indeseadas. Sin embargo, hay personas que intentan impedir que nuestra vida sea una vida buena y una buena vida. Esas personas llevan siglos no dejándonos vivir bien y morir bien.Algunos siguen hablando de dioses, de su laberíntica voluntad, de una supuesta ley natural encorsetada y ajustada a los intereses y delirios de quienes desde hace siglos y siglos quieren al ser humano tan esclavo y reprimido como ellos mismos. Pero nadie está obligado a permanecer en la vida. La vida consiste precisamente en decidir cada segundo, cada día, todos los instantes, qué hago y qué  dejo de hacer. La libertad es ni más ni menos que el ejercicio de ese decidir permanentemente. La vida es libertad. Por eso reivindico mi libertad de decidir también cómo vivir y morir.

Existir debería ser siempre un acto permanente de gozoso, consciente y libre zambullirse en la aventura del vivir. Una botella o un lapicero son lo que son, están definitivamente terminados, pero los seres humanos estamos siempre por hacer: cada instante vamos escribiendo nuestra propia biografía, decidimos quiénes somos y no somos, qué hacemos con nosotros mismos. Pues bien, desde esa libertad suprema te digo ahora que por amor a la vida, podemos decidir también morir, y morir bien.

Tú y yo y todas y todos respiramos, bebemos, amamos y nos sostenemos cada instante en la voluntad de existir por amor a la vida. Quien ama incondicionalmente vivir no teme morir. De ahí que sea radicalmente ajeno a la vida que la obliguen a pervivir contra su voluntad. Soy libre, soy dueño de mis actos y errores, de mis sueños y luchas, y por eso mismo decido si y cómo y hasta cuándo existir. Estoy en mis manos y mi obligación fundamental es vivir bien y contribuir a la que la vida sea buena entre los seres humanos que habitamos este planeta, pues una ética responsable estriba en qué estoy haciendo de mi vida, también qué hago por y con los demás.

Si acabo con mi vida, si acabo, solo es, pues, por amor a la vida.  Y si alguna vez hubiera ayudado a alguien a morir bien, habría sido un inequívoco acto de amor, el último acto de cariño y amor que puede darle. Te lo repito, se puede dejar libre y responsablemente la vida sin tristeza, sin temor, solo con quietud y por amor a la vida.

Necesito decirte una vez más que se mantiene incólume y con la misma fuerza mi amor a la vida y mi apasionada amistad con su posible acabamiento, ya hecho realidad, una vez que el sol ha descansado más allá de la línea de mi horizonte y estás leyendo ahora mis últimas palabras, mi último artículo.

Desde el departamento de Biología y Geología nos sumamos al Imagen3Proyecto NaveLuna con la actividad que se resume a continuación:

A lo largo de diferentes sesiones de clase se fue desarrollando el temario con referencias a puntos de unión entre las Ciencias Naturales y la navegación, así se nombró el carácter aventurero de Félix de Azara, la importancia del viaje a bordo del Beagle para el desarrollo de la Teoría de la Evolución por Charles Darwin, el caso de la extinción del pájaro Dodo y en general se trató de unir la idea de navegación al concepto de exploración y desarrollo del conocimiento traspasando la idea de conquistas y batallas.

Con cada una de las referencias anteriores se colgó una imagen de grabado en el pasillo del instituto.Estas breves pinceladas que hacían aparecer en clase el tema de la navegación culminaron con la presentación del caso del Dr. James Lind y su trabajo en el siglo XVIII para encontrar la cura al escorbuto.

El escorbuto (deficiencia en Vitamina C) era una enfermedad habitual en las tripulaciones que emprendían grandes travesías, era conocida como “la peste del mar” o “la enfermedad de los piratas” y se le atribuían diferentes orígenes aunque la verdadera causa estaba en el déficit de Vitamina C por una dieta carente de fruta y verdura fresca.

En una expedición en la que Lind contó con 12 tripulantes enfermos de escorbuto, planteó un experimento tratando a cada par de enfermos de forma diferente y así llego a concluir el efecto positivo que tenían los zumos de cítricos para su cura y prevención. Al regresar a tierra firme, Lind escribió y publicó en 1753 el “Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto”.

 

Esta historia de navegación y ciencia nos condujo hasta el laboratorio de ciencias de la naturaleza donde nos planteábamos identificar la diferencia entre dos zumos problema para determinar cuál tendría un mayor contenido en Vitamina C, o ácido ascórbico, y por tanto sería el más apropiado si debiéramos emprender un largo viaje en barco.

 

El experimento en cuestión se llevó a cabo con una estimación indirecta con el uso de harina de maíz y lugol. Se pueden consultar aquí (http://www.cac.es/cursomotivar/resources/document/2009/9.pdf  ) o aquí (http://pendientedemigracion.ucm.es/info/analitic/Asociencia/Vitamina%20C.pdf) el protocolo y método para desarrollar el experimento de determinación de la Vitamina C.

 

Más información:

http://elbustodepalas.blogspot.com.es/2010/11/james-lind-el-hombre-que-encontro-la.html

https://es.wikipedia.org/wiki/James_Lind

Un paso más cerca del reconocimiento que nuestro entorno natural merece:

La noticia en eldiario.es

Aquí, la memoria del plan para  PLAN ESPECIAL DE LA ESTEPA Y EL SUELO NO URBANIZABLE DEL SUR DEL TÉRMINO MUNICIPAL DE ZARAGOZA.

 

Imagen de Zaragoza, vista desde el Parque Tecnológico de Reciclado “López Soriano”
 (naturalezaurbanafotos.wordpress.com)

Imagen de http://fotopedaleando.blogspot.com.es/2011/06/track-gps-ruta-en-btt-zaragoza.html

 

Imagen de www.kireei.com

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

 

Gabriel Celaya

 

Imagen de unrinconcreativo.blogspot.com

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Analfabetismo natural

A través de el ventano.es he encontrado este sitio web http://www.naturalezacantabrica.es/2016/06/el-analfabetismo-de-los-ninos-sobre-la.html?m=1 con opinión y divulgación sobre naturaleza, os pego este artículo de dicha web:

El analfabetismo de los niños sobre la naturaleza y el “efecto Walt Disney”
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Hace un par de años se publicó un estudio en la revista Biological Conservation que tenía como objetivo evaluar el conocimiento que tenían los niños sobre la fauna local y la fauna exótica (Genovart et al., 2013). Para realizarlo se hicieron más de 1000 encuestas a otros tantos niños con edades comprendidas entre los 11 y los 15 años, que estudiaban en 10 colegios de Mallorca y 6 colegios de Asturias, situados tanto en áreas rurales como urbanas. Para llevarlo a cabo se mostraron a los niños 10 fotografías seleccionadas entre 134 animales diferentes (34 aves, 34 peces, 33 mamíferos y 33 reptiles y anfibios), de las que la mitad correspondían a animales locales y la otra mitad a animales exóticos y se les pedía que lo identificaran entre 5 candidatos posibles.

Seguramente la mayoría de los niños no sabrán que este animal es una comadreja

Los resultados fueron concluyentes: los escolares conocían mucho mejor a las especies exóticas que a aquellas que tenían al lado de sus casas. Para ellos resultaban más familiares un tigre de Bengala o una jirafa que un gato montés o un corzo, y seguramente reconocerían a un cocodrilo del Nilo antes que a un lagarto verdinegro. Pero no nos pensemos que esto solo ocurre en España, en Argentina un estudio similar arrojó idénticos resultados (Campos et al., 2012). La situación resulta tan grotesca que es probable que un niño de un colegio o de un instituto sea capaz de recitar de memoria el nombre científico de 5 especies de dinosaurios pero no sepa el nombre común de 5 aves.

Actualmente, la mayoría del conocimiento de los niños sobre fauna y flora lo obtienen de libros infantiles y de programas de televisión, sobre todo de dibujos animados. En este tipo de libros y películas se hace mayor énfasis en las especies carismáticas produciéndose un enorme sesgo entre los distintos grupos de animales. Baste como ejemplo que el número de referencias a los grandes mamíferos es 500 veces superior al de anfibios amenazados (Bonnet et al., 2002). Pero no solo eso, la inmensa mayoría de documentales “serios” que se emiten en televisión están protagonizados por animales exóticos. Ya quedan muy lejos los tiempos de Félix Rodríguez de la Fuente, cuando todos los niños sabían que era un lirón careto, un buitre leonado o un alimoche.

Estos resultados tienen una importancia trascendental, ya que seguramente esos niños cuando sean adultos se sentirán más identificados con la selva amazónica o con la sabana africana que con un hayedo, un brezal costero o un bosque de ribera y con toda la fauna que vive en estos hábitats. Y aunque suene a tópico, el primer paso para defender algo y conservarlo es conocerlo y difícilmente seremos capaces de conservar algo que ni siquiera sabemos que existe.

Pero desgraciadamente el problema no acaba aquí. No solo es preocupante el desconocimiento de los niños y adultos sobre la fauna local, sino también el tipo de información que es proporcionada por los libros, cuentos y series infantiles. Si resulta evidente el enorme sesgo existente entre los distintos grupos de animales a la hora de figurar como protagonistas, es aún más evidente la constante antropomorfización y asignación de roles “humanos” a los mismos. A los animales se les reparten cualidades humanas como el valor, la traición, la maldad o la bondad, que poco tienen que ver con la realidad pero que acaban calando en los niños Desde pequeños ellos se verán rodeados de malvados lobos, valerosos leones y tiburones asesinos que se enfrentarán a dulces cervatillos y a hienas traidoras. También se emocionarán con historias de amor, con padres amorosos y con amistades imposibles entre un depredador y sus presas.

Los facóqueros y los leones no son amigos, son presas y depredadores

No es de extrañar que esos niños una vez que lleguen a adultos sigan aplicando esos roles a los animales que les rodean y no comprendan o no estén dispuestos a asumir que la naturaleza no es un cuento infantil.

Hace unas semanas leí un artículo que confirmaba el batiburrillo mental que tiene mucha gente acerca de la naturaleza. Como ya comenté varias veces en el blog, en los últimos años han proliferado las páginas web que muestran en directo el comportamiento de muchas aves en sus nidos. Desde la comodidad de un sofá cualquier persona puede acceder a una gran cantidad de cámaras webque ofrecen en directo imágenes de nidos de aves rapaces, cigüeñas o cajas nido de pajarillos. Como si se tratara del Gran Hermano, mucha gente se enganchó a las historias que les ofrecían estas cámaras: la formación de las parejas, el apareamiento, la incubación de los huevos o la crianza de los pollos. Algunas de estas personas, que nunca se habían interesado por las aves o por la naturaleza, pasaban horas mirándolas, poniéndoles nombres a los pollos e incluso chateando entre ellas para contarse los cotilleos de una familia de pigargos o de cárabos lapones.

Pero ocurrió algo que lo cambió todo. En alguno de esos nidos se observaron comportamientos que no podían explicarse desde una “óptica humana”, quizás porque aunque parezca un contrasentido eran demasiado humanos. Se empezaron a ver casos de infanticidio, de hermanos mayores que mataban a sus hermanos menores, casos de madres negligentes que no cuidaban a sus hijos, o águilas que alimentaban a sus pollos con lindos gatitos. Todos estos comportamientos están documentados en la literatura científica, y tienen una explicación biológica. Pero esas explicaciones no eran suficientes para una “mentalidad Disney” y para sorpresa de los investigadores que habían instalado esas cámaras, empezaron a darse casos de vandalismo en algunos nidos de los que se conocía su ubicación y mensajes amenazantes a las personas que habían instalado esas cámaras, como por ejemplo este:

“It is absolutely disgusting that you will not take those chicks away from that demented witch of a parent!!!!!” (¡¡¡Es absolutamente repugnante que no alejes a esos polluelos de esa bruja demencial de su madre !!!!!)

Finalmente y para evitar más problemas, varias de esas cámaras se vieron obligadas a cortar la emisión e incluso a pixelar algunas escenas para no herir la sensibilidad de los espectadores. Todo para prevenir que los fans de este inesperado Gran Hermano animal acabaran matando a alguno de sus protagonistas, aunque desgraciadamente también para que esos mismos espectadores siguieran pensando que vivían en un mundo de fantasía.

Sería necesario replantearse seriamente la educación ambiental que se les está dando a los niños, sobre todo en los colegios, pero también por parte de los programadores de televisión. Con esto no quiero decir que no se deban contar cuentos a los niños, o que no se pueda disfrutar de la fantasía o hacer volar la imaginación, pero sería necesario que tanto en las televisiones como en los colegios se les proporcionara a los niños información sobre su entorno, sobre los animales y plantas que los rodean, y sobre el comportamiento de los animales, sin aspavientos ni antropomorfismos. Solo así, cuando lleguen adultos serán capaces de apreciar la belleza de la naturaleza, cruel a veces, pero hermosa tal como es. Y solo cuando la conozcan serán capaces de luchar por defenderla.

Y ya de paso, no estaría mal que la prensa, tan dada al sensacionalismo, dejara de manipular la información y buscar el morbo, porqueúltimamente ya vamos servidos.

Referencias

– Bonnet X, Shine R & Lourdais O (2002). Taxonomic chauvinism. Trends Ecol. Evol 17: 1–3.
– Bruillard K (2016) People love watching nature on nest cams — until it gets grisly. The Washington Post.
– Campos CM, Greco S, Ciarlante JJ, Balangione M, Bender JB, Nates J & Lindemann-Matthies P (2012) Students’ familiarity and initial contact with species in the Monte desert (Mendoza, Argentina). Journal of Arid Environments 82: 98–105.
– Genovart M, Tavecchia G, Enseñat JJ & Laiolo P (2013) Holding up a mirror to the society: Children recognize exotic species much more than local ones. Biological Conservation 159: 484-489.

David Alvarez 

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